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En los centros educativos debemos tener tiempo para jugar.

Medio natural


Imagen de la actividad Juguemos a hacer el indio, de Rural Salud

Cuando leáis este titular, seguramente todos estaréis más o menos de acuerdo al afirmar la importancia del juego en educación infantil, y quizás algunos también lo estaréis en los primeros cursos de educación primaria. Sin embargo, la seguridad y la necesidad de que los colegios han de dejar tiempo y espacios para que los niños jueguen espontáneamente, pierde para muchos solidez en los últimos cursos de primaria y rotundamente en la secundaria.

Por eso, queremos reivindicar desde nuestro blog el derecho que tienen los niños a jugar, como se recoge en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el el espíritu de la Convención sobre los Derechos del Niño. Los niños (y en ocasiones también los adultos) necesitan jugar para relacionarse con el mundo que les rodea.

Los niños deben jugar porque el motor del aprendizaje es el interés del niño, y en ninguna actividad van a activar los niños el interés y la concentración tanto como en el juego. No nos estamos refiriendo a juegos educativos, creados específicamente para ser aplicados en los colegios e institutos, ni a juegos dirigidos por los docentes; nos referimos al juego en el que la meta es el juego mismo y no el aprendizaje. Con este artículo queremos convencer a los profesores de la importancia de dejar a vuestros alumnos tiempo para el juego que emerge de su interior, convirtiéndolos en protagonistas de la actividad que desarrollan y no en un seres pasivos.

 

Fomentemos, en primer lugar el juego físico, el que implica moverse, correr, jalear, molestar... Aprendemos antes que nada con el cuerpo, porque el cuerpo nos conecta con el mundo. En la infancia lo sensorial y lo emocional preceden a la actividad intelectual. Por eso, es importante que en los colegios los alumnos no se vean forzados a estar sentados y quietos atendiendo en sus pupitres. Mente y cuerpo no son dos entes separados en el ser humano, y cuando obligamos a los niños a centrar el aprendizaje en la mente y a mantener quieto su cuerpo es todo el organismo el que se ve afectado. No sólo porque paralizar la actividad física fomenta el sedentarismo y a la larga ocasiona problemas de salud (que también), sino porque obligar a los niños a renunciar a escuchar las necesidades físicas de su cuerpo comporta una pérdida de contacto con la realidad. Esto refuerza una virtualización de la vida, que deja de vivirse para ser aprendida a través de las pantallas y los libros.

 

En segundo lugar, es importante subrayar que el juego ayuda a tus alumnos a ganar seguridad. Tal y como apuntaba Piaget en sus teorías, la acción y resolución autodorigida de problemas que comporta el juego sitúa al niño en el centro del aprendizaje y el desarrollo. A través de las acciones que realiza jugando, el niño, aprende y descubre cómo controlar el mundo. Las vivencias que el niño experimenta a través del juego refuerzan su seguridad porque son abordadas por todo el cuerpo (a nivel motor, emocional y simbólico). Sin embargo, la teoría dificulta el proceso de la toma de decisiones, la autonomía y la confianza.  Cuando hacemos algo respondiendo a una teoría, la conducta parte de una idea, pero no hay conexión con el mundo emocional. Por ello, si la teoría no está reforzada con experiencias, puede confundir a los niños en el proceso de aprendizaje. La teoría no reforzada por la práctica permite asimilar un lenguaje formal correcto o aprender matemáticas, pero si no comprendemos la relación de los símbolos con la realidad; esto provoca una disociación en la que el niño es capaz de ejecutar correctamente una petición externa, pero es incapaz de ningún tipo de iniciativa. En cambio, el juego enseña a los niños a aprender a tomar decisiones y a gestionar la incertidumbre, así, poco a poco favorece el desarrollo de su identidad.

 

Un tercer punto evidente es que el juego favorece la atención, la concentración y, en consecuencia, la memoria. Como decía A.S. Neill: “Podemos forzar a alguien a prestar atención, pero no podemos forzar a alguien a sentir interés”. Jugando el niño hace las cosas por iniciativa propia y, cuando esto ocurre, se activa principalmente el hemisferio derecho del cerebro, que es el responsable de la motivación.

 

Del mismo modo que pasa con la motivación, el juego favorece la creatividad y el hallazgo de soluciones inteligente a los problemas. El juego libre potencia que encontremos soluciones creativas a los problemas que nos hayamos. Tal y cómo apunta Diana de Horna en el post la La Revolución del juego, el juego favorece una actitud de atención paradójicamente relajada, libre de ansiedad y de estrés, donde los niños se permiten equivocarse sin presiones y volver a intentarlo, lo que acrecienta nuestra capacidad para el razonamiento lógico y para solucionar problemas.

 

Finalmente, es importante subrayar como el juego favorece la socialización y el trabajo en equipo (no sólo entre alumnos, sino también entre alumnos y profesores). Según la teoría histórico-cultural de Vigotsky el juego surge como necesidad de reproducir el contacto con los demás. El juego en equipo es un lugar donde confluyen y se armonizan las reglas externas y los deseos internos. A través del juego los niños aprenden a relacionarse, a empatizar, a leer el lenguaje corporal, a entender el sentido de las normas, aprenden a ganar, a perder y aprenden que sus actos tienen consecuencias en el desarrollo de sus vidas y en el de las demás.

 

Por ello, si quieres que tus alumnos crezcan seguros de si mismos, atentos y creativos ante la realidad que les rodea, déjales tiempo para jugar.

 

Fuentes consultadas:

ANDRÉS TRIPERO, TOMAS DE: Karl Groos y Stanley Hall: Las primeras interpretaciones evolucionistas del juego. E-Innova. Revista electrónica de educación. En línea, disponible en: http://biblioteca.ucm.es/revcul/e-learning-innova/4/art357.php#.VpTp6MDhBsZ

 

MONTAÑÉS, J. et al. El juego en el Medio escolar: Universidad de Castilla la Mancha. Disponible en línea: http://www.uclm.es/Ab/educacion/ensayos/pdf/revista15/15_17.pdf

 

BENÍTEZ, MARÍA ISABEL: El juego como herramienta de aprendizaje. Revista digital. Innovación y experiencias educativas. En línea, disponible en: http://www.csi-csif.es/andalucia/modules/mod_ense/revista/pdf/Numero_16/MARIA%20ISABEL_BENITEZ_1.pdf

 

DE HORNA, DIANA: Las 10 razones de la educación tóxica: Esto no es una escuela. En línea, disponible en: http://estonoesunaescuela.org/bitacora/2015/12/6/las-10-razones-de-la-educacin-txica

 

DE HORNA, DIANA: La revolución del juego: Esto no es una escuela. En línea, disponible en: http://estonoesunaescuela.org/bitacora/juego-libre/revolucion-juego

 

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