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Los ritmos en eduación infantil

Conocimiento del entorno


Fuente: Flickr. Autora: Amber Strocel

Trabajar los ritmos en las primeras etapas de educación infantil (y en primaria) es muy importante para la asimilación de la vida cotidiana y del entorno por parte de niñas y niños. En las primeras etapas de la vida se tiene una concepción del tiempo muy distinta a la que tenemos los adultos, los niños no entienden de horas, de días de la semana, de meses... Por ello, es importante que docentes y familiares les evitemos inseguridades en este sentido, y les ayudemos a conectar con los ritmos diarios, semanales y anuales, para vivir de forma más consciente, y para fomentar su seguridad y su autoestima.

Esto es algo que tiene muy en cuenta la pedagogía Waldorf, que considera que el ritmo es salud, en tanto que todas las funciones orgánicas del cuerpo humano poseen su propio ritmo. Rudolf Steiner consideraba que el ritmo es el movimiento regular entre dos estados contrastados: concentración y expansión. Partiendo de este contraste, es importante que ofrezcamos en el día a día de educación infantil momentos de concentración, de encuentros con uno mismo, de recogimiento; con otros de expansión, de juego al aire libre o de contacto con el entorno.  Esto posibilita que el niño se desarrolle de forma sana, que poco a poco aprenda a orientarse en un ambiente que alimenta sus procesos de forma saludable, para abrirse progresivamente a un entorno al que se adapta con confianza y seguridad paulatinas.

 

La importancia del ritmo ha de contemplarse especialmente en la sociedad actual, que a menudo nos exige un estilo de vida en el que los niños, más temprano de lo que debieran, tienen una agenda repleta de actividades, de rutinas o de cambio de cuidadores, que apenas les deja espacio para encontrarse consigo mismos, para aburrirse, para soñar, para decidir no hacer nada…

 

La inseguridad, la ansiedad y el estrés que comporta para un niño de educación infantil este ritmo vertiginoso no debe infravalorarse. Así, es importante que desde casa y desde la guardería o el colegio, incorporemos una serie de pautas que ayuden al niño a orientarse en estos ritmos. No es necesario que partamos de una pedagogía Waldorf para lograr nuestros objetivos, basta que adoptemos de ésta algunas prácticas muy básicas, que mejorarán considerablemente el bienestar del aula. Del mismo modo que en este post partimos de pautas utilizadas en las escuelas Waldorf, existen rutinas de otros sistemas (como las rutinas de vida práctica o la educación cósmica de Montessori) que igualmente pueden ayudar a la comprensión de estos ritmos.

 

Si empezamos hablando de los ritmos diarios, es importante que tengamos en cuenta que las mañanas son el mejor momento para las actividades más enérgicas, mientra que en  las tardes la vitalidad va disminuyendo y podemos optar por actividades más relajadas.  Es necesario que cada día repitamos una serie de actividades, que harán que el niño se sienta seguro y orientado en sus rutinas. La mayoría de aulas de infantil ya tienen esto en cuenta, con un ritual de saludo para empezar el día, otro para prepararnos para la hora de comer, otro para despedirnos… Es importante que los educadores o acompañantes establezcan un correcto equilibrio entre las actividades de concentración y las de expansión, y en estas últimas también podemos encontrar una regularidad. Así, si nuestra escuela se halla en un entorno natural, podemos decidir cada mañana salir a dar un paseo realizando la misma ruta, los niños no se aburrirán con la repetición, porque irán observando los cambios del entorno: los árboles que la semana pasada no tenían hojas empiezan a ser más frondosos, ha cambiado el color de la yerba, donde ayer había un charco  hoy no queda agua…

 

En relación con los ritmos semanales, es suficiente para empezar  con fijar una actividad para cada día de la semana (los lunes explicamos un cuento, los martes hacemos psicomotricidad, los miércoles salimos fuera del centro…) y establecer en base a los días de la semana los menús diarios (los lunes toca verdura, los martes cereales, los miércoles comemos un pastel que hemos preparado entre todos…).

 

Finalmente, el ritmo anual se aprende mediante las celebraciones de festividades que ya incorporan todos los centros en la preparación de sus clases. Festividades como la castañada, la Navidad, Carnaval (…) ayudan a los niños a conectar con la tradición de su entorno y a entender la evolución de los meses del año. En paralelo, se entiende también trabajando con niñas y niños las estaciones del año. Éste es un punto importante porque conecta nuestra vida con los ciclos de la naturaleza. En mayor o menor medida, todas las aulas de infantil incorporan las estaciones del año a sus actividades. En este sentido, sí nos parece muy positivo incorporar las mesas de estación, con elementos naturales, telas, colores y personajes fantásticos que nos ayudan a preparar la llegada de un cambio de ciclo en la naturaleza y a comprenderlo. En Internet encontraréis información muy completa y valuosa sobre las mesas de estación, nosotros os proponemos este artículo de EscuelaDeMama y este otro de DeMiCasaAlMundo. Si en el último curso de infantil o en los primeros cursos de primaria, queréis trabajar el calendario anual de forma más completa, los calendarios “Waldorfssori” son una muy buena opción. Como éstos suelen ser caros, nos parece interesante compartir con vosotros este post de PequeFelicidad, para hacer uno en clase.

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